Me das la mano

El mundo esta cambiando. Lo esta haciendo desde el principio, solo que ahora lo estamos viviendo, precipitadamente.
Nos vemos obligados a tomar parte, estilo moderno o rústico, copiar o innovar, naranja o limón, moros o cristianos, llenar o vaciar, iluminar u oscurecer, izquierda o derecha, construir o destruir, héroe o villano, y viceversa… ¿por qué?
En nuestro trabajo intervienen mucho agentes, técnicos, constructores, financieras, contratistas, clientes…(el cuñado de alguien) Cada uno tiene sus intereses particulares, pero cuando la cosa va de muchos, parece que lo lógico no es imponer el criterio particular, por ejemplo el del arquitecto, por no decir otros, sino buscar un punto de “encuentro”, ese espacio en el que nadie está al principio pero en el que todo el mundo se debe sentir satisfecho a pesar de sus diferencias. Para ello hay que moverse, cambiar la posición de confort, y sobretodo estar atento a las necesidades del otro. Sin esto último caemos desgraciadamente en el egoísmo y la confrontación. Pocas cosas hay más alejadas de la felicidad.
Cada uno tenemos nuestro cometido, un encargo para el que estamos formados. No obstante, cuando torcemos la vista y nos hacemos conscientes del encargo de otros, atendiendo a sus circunstancias y limitaciones, lo que podemos llamar el lado oscuro de la luna, ya no surge el problema que solemos percibir, sino una oportunidad, el hacer las cosas diferentes y sencillas. Es un camino que nos lleva al entendimiento.
Efectivamente hay que tomar parte, pero con entendimiento y comprensión. Eso el lo que nosotros intentamos y así esperamos que lo hagan todos. El simple gesto de tender la mano no parece muy moderno, pero qué importante es.
Fotografía: fotograma de Wall-e, Andrew Stanton, 2008